sábado, 20 de mayo de 2017








Las nubes cubrían los cielos. El sol había faltado a su cita mañanera, escondiéndose tras ellas.  Unas gotas comenzaron a caer, el aire olía a tormenta, la tierra se abría para recibir alimento.
Te escondes, no te encuentro, y mi alma llora con el cielo.
He de buscarte, para amarte, para saborear tu fragancia otoñal. He de encontrarte para admirar tu belleza, para que puedas quererme, una pizca, solo eso ….
Ando por caminos polvorientos, por sendas inalcanzables. Recorro acantilados rocosos, aunque nunca estarás en ellos. Miro hacia el mar y suspiro, para soñar un deseo, para exhalar desengaños. El salitre impregna el rostro, y tu nombre, de nuevo, suena en la brisa, al igual que las notas musicales llenan pentagramas, el aire se satura de ti, para inundar el alma vacía.
Siento tu presencia, y no te tengo. Y no me tienes. No nos tenemos.
Las estaciones se suceden, calor, frío, sol, niebla…. Mientras yo continúo incansable, hasta que el tiempo se detenga y me reclame la tierra.
No me olvides, porque yo no podré hacerlo.
Cuando mi pelo pinte canas, y las piernas no sean firmes, cuando las arrugas surquen el rostro, seguiré queriéndote.  Porque la belleza no termina, y siempre regresa en otoño.
Narciso, ¿eres tú?.  Estaremos juntos, guardaré tu sueño, esperando el despertar, el renacimiento del ser.
Cuidaré la tierra que te acoge, regaré las semillas que se esparcen, me embriagaré con tu perfume.
Ya no nos hemos de separar, Narciso, tú y yo, unidos hasta que seamos estrellas.
A lo lejos se escuchan sirenas. Me asustan, me hieren. Mis manos están manchadas, nada recuerdo, todo se olvida.
La cordura regresa, me espanta el mal cometido. No era yo, ¡regresa, vuelve, vive!.
La oscuridad se expande, los sentidos se apagan, la vida, mi vida, se extingue.

Una lágrima recorre la mejilla, la última, la primera. Comprendí, al fin. Ya duermo para siempre en el dulce sopor eterno…….

martes, 5 de mayo de 2015





He aprendido que madurar no es envejecer, es aceptar las limitaciones, es luchar por aquello que se puede cambiar y tener la sabiduría necesaria para aceptar lo que no podemos , es tener paciencia y el ímpetu necesario para llevar a cabo los sueños, es discernir la realidad.
Las arrugas no son un símbolo de marchitar , tan solo el inevitable paso del tiempo, que nos quita tersura y nos da experiencia.
He aprendido que amar no es una mera ilusión, es una búsqueda del propio yo.
He aprendido que nadie es mi enemigo si no lo soy yo misma.
He aprendido a cambiar los sueños.
He aprendido que no todos los que están a tu alrededor son tus amigos, que la verdadera amistad se reconoce por los momentos en los que tienes a alguien a tu lado, sin juzgarte, sin reproches.
He aprendido que el tiempo no se detiene, pero que yo sigo caminando.
He aprendido que llegar a la cima no es la felicidad, si no el camino hasta ella.
He aprendido que caer es fácil, lo difícil es levantarse.
He aprendido a despedirme con un “hasta luego”, porque yo haré el mismo viaje.
He aprendido que las lágrimas no me hacen débil, tan solo limpian los ojos para ver mejor.
He aprendido que las tormentas no duran siempre, así como los días apacibles tampoco.
He aprendido que una palabra puede arrancar una sonrisa .
Quiero seguir aprendiendo, aunque los granos de arena del reloj sigan cayendo inexorablemente, y el rostro continúe sumando surcos.
Mientras la mirada se mantenga limpia, mientras exista una causa para luchar, mientras tenga sueños en las oscuras noches, mientras siga siendo yo.

domingo, 21 de diciembre de 2014


La huida



Se fue para no volver, para huir de si mismo, para escapar de la esclavitud buscada de la sociedad que abrumaba, de los gritos ensordecedores, del consumismo desaforado.
Las iluminación excesiva, la música repetitiva, las bolsas repletas, las carencias afectivas.
La carretera inacabable. Silencio, la noche lo invadía todo. Abandonó la autopista en la salida 102, tomó una carretera comarcal, no faltaba mucho para llegar. Unos copos blancos resbalaron por el parabrisas.
A lo lejos divisaba una torre de piedra. Allí estaba su destino.
Lo vio y pudo frenar a tiempo, no sin antes soltar una maldición. Bajó del coche, el frío era intenso, cogió al niño que no llevaba ningún abrigo y lo metió dentro, subiendo los grados de la calefacción.
-¿pero que haces aquí en medio de la noche y en esta carretera, y además sin abrigo alguno?
-¿Por qué estas huyendo?, le pregunto la voz infantil.
-No huyo de nada, solo voy a aquel pueblo, de dónde debes de venir tu, y al que te voy a llevar ahora mismo.
-si no huyes, ¿por qué viajas en una noche cómo esta?,¿no tienes a nadie que puedas sentar a tu mesa?, ¿ningún amigo, familia, ? Seguro que si, pero te has ido y les has dejado solos.
-No lo están ellos compran y gastan, y hacen ruido y quieren ser felices un día. Creo que todos fingen.
-¿Crees que está mal, querer ser feliz un día al año?, ¿Poner una mesa distinta, sentarse con la gente que nos aprecia, para reír, cantar y olvidar todos los problemas que nos acucian cada día? ¿de verdad crees que nadie te va a echar de menos hoy?. Tienes que volver
-Estoy tan bien aquí, siento tanta paz, la nieve resbalando por los cristales, no siento frío. No se quien eres, pero me trasmites esa paz que buscaba.
-Te necesitan, quieren estar contigo, yo puedo esperar. Vete ahora, después será tarde.
Abrió los ojos, y escuchó las voces que decían su nombre. Allí estaba ella, con los ojos llorosos, pidiendo que no se fuera. Los de la ambulancia respiraron aliviados.
Ni siquiera había cogido el coche, no salió de la ciudad, al salir de casa una moto se salió de la calzada y le atropelló.
Era nochebuena y la calle permanecía iluminada.
Sonrió , y vivió para estar al lado de sus seres queridos, para disfrutar de su compañía, para poner una mesa en navidad y sentar en ella a todos aquellos a los que quería.

sábado, 6 de diciembre de 2014




                                                  La vida sin vida hecha.






El reloj avanzaba anunciando el paso del tiempo. Fuera el viento iba arreciando y la lluvia, furiosa, comenzó a salpicar en el negro asfalto, haciendo que éste brillara cual losa sepulcral.
El estado de ánimo había cambiado conforme pasaban los minutos, las horas, desde la más absoluta indiferencia a la ira más intensa que sentía.

Las conversaciones se diluyeron entre los vapores de invisibles tormentas interiores. Los susurros los gritos las risas y el llanto habían aflorado para desaparecer en el inmenso vacío de la nada, creando el dulce sopor del no ser, no estar. Sin espacio ni tiempo, la muerte de las ilusiones y el jardín abrasado de la inocencia entre los compases perdidos de la melodía inacabada de una vida gris.

El cuerpo, soporte mortal, no sentía; apagados los deseos del alma y el espíritu , sumergidos en mares rojos, coronados por nubes grises descargando toda la furia contenida en milenios.

Flotaba la materia, vaivenes de dolor hechos. Mareas de subterfugios, horizontes de desesperanza. La lluvia convertida en sangre, el viento en lanzas que traspasaban los heridos corazones.

Anulado el ser, porque hacía tiempo no existía, el dolor sin dolor causado, rota el alma en mil pedazos y en cada uno cien mil espinas clavadas. Llora el corazón, cristales rasgando el cielo. Pero el cielo no responde porque el infierno está dentro. Llamas de ira abrasan la materia.
El universo se funde para no regalar la muerte en vida.

La marcha fúnebre de silencios hecha no acompaña al que morir no puede y vive sin vida,; mientras una losa espera, mas el tiempo se ha fundido, no hay pasado ni presente ni futuro. No existe el bien el mal, arriba o abajo, este u oeste. Vacío e infinito, solo eso.

Y esta pluma que una mano sostiene no es sino, el último resquicio de los sueños robados.

Si puedes leer esto solo será tu mente que al fin ha logrado saber la verdad.

La verdad mata, ¿estás muerto?. ¿Has podido al fin morir tu?, ¿te regalo la vida esta muerte?. ¿Eres aquel al que todos esperan? , ¿el qué logró burlar el cerco y escapó de su cuerpo mortal?.

Si es así, rescata a este mundo roto. A los que sin vida esperan la vida eterna, a los que morir no pueden porque nacieron muertos.

Ayuda, a los que como yo, la verdad conocieron.


Marisa

martes, 11 de marzo de 2014

11 de marzo


Se alejó de mí una fría mañana de marzo. Se fue para no volver, para dejarme vacía el alma y roto el corazón. El aire movía las hojas de los árboles, susurrando los secretos de la noche. Amanecía en la ciudad.
Aquel día comencé a morir. Aún, hoy, recuerdo el amargo dolor, mil lanzas traspasando la piel. Se llevó el alma para dejarme el corazón latiendo, un corazón para odiar, desgarrado, roto, sangrante.
Cien mil vidas hubiera dado por irme con ella. Mas no quiso el destino que estuviéramos unidos. Por la noche miro el cielo, donde las estrellas se apagaron y la luna no brilla, alzo la voz gritando su nombre. El sonido se pierde en el infinito, no hay respuesta, jamás la habrá. Quise perderme en el mar, sus azules aguas, su blanca espuma, el horizonte infinito jamás alcanzado, amaneceres rojizos, destellos plateados en el ocaso. Sueños de sirenas y tormentas, océanos encrespados, veleros a la deriva.
De nuevo en tierra deseé dormir para despertar con ella, acariciar su pelo, regalarle un beso.
Amanecía solo, entre sábanas revueltas.
A esta soledad que mi alma llena, se une el llanto de cristales hecho, el dolor es tan grande que morir no puedo.
De mi desdicha culpo a la tierra y al cielo. Llamo al ángel negro y no acude.
Ahora vago por la tierra con los ojos secos, sin alma ni corazón, roto el cuerpo. Espero, solo espero, partir hacía el mundo etéreo.
Cada mañana recorro el camino que ella hacía, a la misma hora, día tras día.
Contemplo el paisaje que ella veía. Cierro los ojos y la encuentro. Está allí sentada frente a mi. Me habla con dulzura, el rostro sereno.
Me reconforta oírla, se llena de paz todo mi ser, hablo y le digo cuanto la quiero. ¡Cuánto amor malgastado!, ¡Cuantos días que no fueron!.
La última parada me devuelve al mundo real, a la vida que no quiero, a la ausencia de ella.
Camino despacio, esperando otro día para sentirla, tenerla. Otro día en el me creerán loco.
¡Bendita locura que me permite verla!.
Y maldigo aquel día de marzo en el que ella se fue para siempre. Y me siento culpable por no haber estado a su lado.
Vuelvo a la casa vacía dónde el dolor me quema.
En mis sueños un tren sin detenerse, una estación vacía.
Una fecha en la memoria, una fecha maldita.



lunes, 12 de agosto de 2013

Me miras ausente,
clavando la mirada en el infinito.
Acaricio tu mano y sonríes.
En ese instante nos miramos
Murmuras un nombre que no es el mío
y yo sonrío.
En los momentos que nos fundíamos
para ser solo uno
nunca fuimos
Sonríes de nuevo mirando otro mundo,
yo no estoy, ni nadie.
Eres tu y te pierdes,
no buscas nada, te escondes
para que no te encuentren.
Acaricio tu pelo blanco, abrazo tu cuerpo
que no es el mismo.
pero tampoco es otro.
Otro nombre pronunciado
no soy yo, porque ya no soy,
mi existencia borrada.
Tu no sabes quien soy,
Yo siempre sabré quién eras tu.
Ahora tu compañero es otro
No sabes su nombre
Alhzeimer le llamamos todos.





lunes, 5 de agosto de 2013



AGOSTO 


De desatinos la humanidad se llena. De profundas soledades, de ruidos que acallan la conciencia, de fiestas infinitas para castigar los cuerpos. Desnudeces playeras recibiendo los rayos de un sol dañino, refrescados en aguas transparentes para aplacar los sentidos.
Verano infinito, de calores extremos, de noches cortas y largos días.
Las chicharras cantando anuncian su continuidad. Luna reflejada en el mar.
Buscando silencios, encontrando ruidos, músicas adulteradas, bailes sin sentido, cuerpos mecidos al son de notas mezcladas de manera discordante.
Y agosto llega con movimiento de viajeros impenitentes, de largas esperas, de chanclas y camisetas.
Se cambia el bullicio del asfalto por el de arena, las prisas por el bocadillo bajo la sombrilla. El madrugón del trabajo por el del lugar playero. El propio hogar por un minúsculo apartamento de camas en el salón. El portafolios por la bolsa nevera, los manguitos, el parasol.
Se busca el relax en terrazas llenas de precios imposibles. En paseos nocturnos plagados de vendedores ambulantes, marea de personas en busca del mismo paraíso.
Mientras las ciudades se vacían, silencian los ruidos, calman las prisas.
Aquellos desafortunados que en ellas se quedan, disfrutan de sus noches en parques silenciosos, en avenidas vacías, en los bares de siempre con los mismos amigos desafortunados, que tampoco han abandonado su hogar. Siestas placenteras, trasnoches sin despertadores.
Campos sedientos, flores marchitas, frutas frescas y botijos en patios rurales.
Sillas en las puertas al ocaso del sol, buscando el frescor que da la oscuridad. Conversaciones olvidadas, partidas de mus y mangueras como duchas, placebo del lejano mar.
Languidez, desgana, apatía. Calendario implacable, aún quedan treinta días.